LAS 3 N’S DEL CARNISMO


Muchos de nosotros amamos a los animales, nos emocionan, nos conmueven y, a menudo, convivimos con ellos y los aceptamos como miembros de nuestra familia.

Protestamos contra la tauromaquia y el tráfico de animales y animamos a nuestros conocidos a adoptar una mascota en lugar de comprarla. Es más, si alguien se atreviera a hacer daño a un animal delante nuestro, seguro que saldríamos en su defensa, aunque peligrara nuestra integridad física.

amar a unos y comer a otros

Sin embargo, comemos animales que tienen la misma capacidad de sentir que aquellos que defendemos.

Si miramos los datos todo parece aún más incoherente. Actualmente entorno al 26% de la población española convive con un perro y un 19% con un gato y cerca del 60% se muestra en contra de la tauromaquia (porcentaje que crece hasta el 71-84% cuando se analiza la fracción más joven de la población).

Entonces, ¿cómo es posible que en España se maten cada año 560 millones de pollos, 51 millones de gallinas, 37,5 millones de cerdos, 19,3 millones de corderos, 2,7 millones de bóvidos y hasta 854.000 toneladas de peces? Y sobre todo, ¿Cómo es posible que si estamos concienciados contra el sufrimiento animal, todas estas muertes se perpetúen con normalidad y sin la oposición clara de la población general?

por que vestirnos con las vacas

La psicología nos ofrece respuestas para comprender cómo podemos vivir tranquilamente a pesar de que nuestras acciones presenten cierto grado de incoherencia con nuestros valores morales. Se trata de la disonancia cognitiva.

Este concepto fue formulado por Leon Festinger en 1957 en su obra “Theory of Cognitive Dissonance”. En ella el autor expone que las personas nos esforzamos por mantener una cierta consistencia interna, es decir, por asegurar que nuestro sistema de creencias, conductas y actitudes son coherentes entre sí.

Cuando se produce una disonancia, una incoherencia entre lo que pensamos y cómo actuamos, percibimos una tensión y una falta de armonía que nos motiva automáticamente a resolverla para volver al estado de coherencia interna. Para hacerlo tenemos dos caminos:

(1) cambiar nuestra conducta para que se ajuste a nuestros valores o

(2) cambiar nuestros valores para que se ajusten a nuestra conducta.

disonancia cognitiva y carnismo

En el caso que nos concierne, la disonancia cognitiva aparece cuando nos preocupa el sufrimiento de los animales pero, al mismo tiempo, ignoramos el sistema de explotación y muerte que supone su cría para consumo.

Cuando nos horrorizan las imágenes de mataderos y, sin embargo, somos incapaces de conectar los productos de origen animal de nuestros platos del ser sintiente que un día fueron. Así pues, nuestros valores son de respeto y amor hacia los animales y repugnancia y rechazo ante su sufrimiento pero nuestra conducta es la de consumir y financiar productos y servicios que conllevan su padecimiento y muerte.

Al darnos cuenta de que existe esta disonancia cognitiva en nosotros, podemos elegir uno de los dos caminos que hemos mencionado anteriormente. El primero es cambiar nuestra conducta para que se ajuste a nuestros valores, en este caso sería rechazar en la medida de lo posible consumir, financiar o legitimar todos aquellos productos o servicios que impliquen el uso y el abuso de los animales.

liberación animal

De este modo nos aseguraremos de que no sufrirán y viviremos en armonía con nuestros valores de respeto hacia los demás seres sintientes. Sin embargo, la evidencia nos muestra que, a pesar de que el veganismo está en auge, de momento sólo una minoría opta por esta opción.

Entonces, ¿cómo resuelven esta disonancia cognitiva la gran mayoría que no modifica su conducta? Eligiendo el segundo camino, adaptar nuestras creencias a nuestras acciones. Es decir, construyendo un discurso creíble que nos permita reducir el sentimiento de culpa que nos produce nuestra conducta.

Pero además de nuestro propio discurso interno, también influye el sistema de creencias de la sociedad en la que vivimos. Dado que somos seres sociales, por lo general nos resulta más sencillo aceptar o adoptar una creencia como propia cuando ésta es compartida por las personas que nos rodean.

los cerdos son muy inteligentes

Si volvemos al problema ético de consumir productos o servicios que impliquen el sufrimiento de animales, fácilmente nos damos cuenta de que en nuestra sociedad existe un sistema de creencias dominante e invisible que nos condiciona a darlo por normal, natural y necesario.

Este sistema ideológico fue denominado “Carnismo” por la Dra. Melanie Joy, psicóloga, activista y autora en su libro “Why we love dogs, eat pigs, and wear cows” (Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas).

En él define el concepto carnismo como una ideología o sistema de creencias que condiciona a la gente a consumir ciertos animales. La autora propone el carnismo como la antítesis del veganismo. Generalmente se asume que son únicamente los veganos y los vegetarianos quienes siguen un sistema de creencias en lo que concierne a no consumir animales pero no se considera que, por otra parte, la única razón por la que aprendemos a comer unos animales y no otros, es porque también existe un sistema de creencias respecto a comer ciertos animales.

melanie joy y el carnismo

Entonces, ¿por qué reconocemos mucho más fácilmente el veganismo como un sistema de creencias y en cambio, no resulta nada obvio en el caso del carnismo? Fácil, el veganismo destaca porque se opone a la ideología establecida y aceptada por la mayoría: el carnismo.

El carnismo, en cambio, opera de forma invisible porque es la norma, el sistema dominante. Está institucionalizado y se halla inmerso en la estructura social, las normas, las leyes, los comportamientos, las creencias, etc.

Nacer y crecer inmersos en la cultura carnista, que utiliza un amplio abanico de mecanismos psicológicos para distorsionar nuestras percepciones, consigue que personas que genuinamente se oponen al sufrimiento animal lleven a cabo conductas totalmente contrarias a sus valores a diario.

Con ello se consigue que ante un plato de carne pensemos en una comida deliciosa en lugar de reconocer al animal muerto y a su sufrimiento. Nuestras percepciones y sentimientos han sido distorsionados para desconectarnos de la empatía natural que sentimos por los animales.

veganismo es lo contrario a carnismo

Una característica especialmente curiosa del carnismo es la clasificación de únicamente ciertas especies como “animales de consumo”. De este modo, el carnismo acepta como normal que se someta a estos animales a una serie de prácticas que veríamos como repulsivas, crueles e inaceptables si se aplicaran a otras especies. Esta clasificación es relativa a cada cultura lo que nos demuestra la arbitrariedad del carnismo.

La Dra. Melanie Joy sostiene que la primera defensa que tiene el carnismo es la negación. Invisibilizar el propio carnismo, al no ponerle nombre, hace que no lo cuestionemos.

Si además invisibilizamos a todas sus víctimas, conseguimos que el consumidor raramente se plantee si comer animales es una elección, en lugar de algo dado. En la cultura carnista, no se plantea por qué comemos unos animales y no a otros, ni siquiera por qué, de entrada, aceptamos consumir animales.

cuidamos a los perros pero nos comemos a las vacas

Pero además de esta primera barrera, el carnismo opera con un sistema de  justificaciones que la Dra. Joy resume en las siguientes 3N (Normal, Natural y Necesario) ampliables a 4 si incluimos “Nice”, es decir, agradable. A continuación las analizaremos una a una:

1.Normal: La mayoría de la gente come carne porque la mayoría de la gente come carne. Esta brillante frase del también activista y autor Tobias Leenaert no podría describirlo mejor.

Cuando la mayoría de miembros de nuestro entorno coincide en ciertas conductas y las realiza de forma habitual, nos resulta más fácil aceptarlas y adoptarlas como propias ignorando la violencia que conllevan y haciendo que nunca nos paremos a pensarlo, ya que nadie de nuestro entorno lo hace.

hacia un mundo vegano

2.Natural: Además del “es lo que todos hacen” del punto anterior, seguro que también habéis escuchado que comer carne es “algo que se ha hecho siempre” o que “forma parte del ciclo de la vida”. Este peligroso pensamiento nos impulsa a pensar que es moralmente correcto hacer sufrir y matar a un animal bajo el pretexto de que es natural.

Sin embargo, si fuésemos nosotros los que tuviéramos que matar a un animal con nuestras propias manos, ¿seríamos capaces? ¿Es casualidad que todo nuestro sistema digestivo se parezca mucho más al de los herbívoros que al de los carnívoros? ¿Y que los animales evolutivamente más cercanos a nosotros basen más del 90% de su dieta en plantas?

Que algo se haya hecho durante un periodo determinado bajo ciertas circunstancias, no legitima que se tenga que continuar haciendo.

3.Necesario: En esta categoría entran todos los “Necesitas comer carne para obtener suficiente proteína” o “El calcio de los lácteos es fundamental para los huesos”. El carnismo intenta por todos los medios que creamos que no podemos tener salud sin estos productos.

Estas afirmaciones chocan frontalmente con la enorme evidencia que demuestra que una dieta basada en plantas puede ayudar a prevenir y, en algunos casos, incluso revertir las enfermedades más frecuentes de occidente.

En la misma línea, las asociaciones de profesionales en dietética y nutrición más renombradas del mundo afirman que una dieta basada en plantas, bien planificada, es saludable en cualquier etapa de la vida.

4.Nice/agradable: La última N es tal vez la justificación con menos peso ya que pocas personas admitirán que aceptan participar en la explotación animal sólo porque les gusta el sabor del animal.

Sin embargo es cierto que la industria de la carne y de la leche se ha esforzado mucho para que en el imaginario colectivo la cocina vegana o vegetariana resulte poco apetitosa y siempre menos sabrosa que la que utiliza productos animales.


Si analizamos las 3 primeras Ns, nos damos cuenta de que estos mitos son los mismos que el sistema dominante ha utilizado para justificar otras formas de opresión como la esclavitud o la dominancia masculina. Y es que es importante recalcar que el criterio de especie a la hora de otorgar valor y respeto a una vida es tan arbitrario como lo son el sexo, la etnia o la religión.

vacas en establo

Ya hemos visto la negación y las justificaciones que utiliza el carnismo, pero este sistema va más allá. También nos inculca ciertas distorsiones cognitivas que nos hacen más fácil desconectar el animal sintiente de nuestro plato de comida. El carnismo logra que veamos a los animales como objetos, haciendo que los tratemos como algo en lugar de alguien.

Logra, también, que los despojemos de su individualidad, consiguiendo que los veamos como un grupo homogéneo en lugar de como el conjunto de individuos con diferentes personalidades e intereses que son en realidad. Y finalmente, consigue que encasillemos su existencia en rígidas categorías en función de nuestra relación con ellos. Por ejemplo, los perros son animales de compañía mientras que  los cerdos son para comer.

¿Reconoces tu forma de pensar en el carnismo? Es normal, la enorme mayoría de nosotros hemos nacido, crecido y sido educados en este sistema y lo hemos acabado adoptando como propio sin ni siquiera planteárnoslo.

Pero una vez tenemos la información, nuestra posición cambia. Ahora le hemos puesto nombre y sabemos que este sistema de creencias nos ha sido impuesto y no es compatible con nuestros valores de amor y respeto hacia todos los animales.

Ahora sabemos que consumir productos y servicios que exploten animales es una opción que elegimos libre e individualmente tomar o no tomar cada día. El carnismo sólo es poderoso cuando es invisible. Por esto nuestra voluntad es la de visibilizarlo, para que pierda su fuerza y cada vez seamos más las personas que elijamos adaptar nuestras acciones a nuestros valores y no al revés.

Algunas de las fotografías son de  Aitor Garmendia/Tras los muros, os recomendamos ojear sus imágenes para saber lo que pasa dentro de los mataderos.
(En portada: Laura y Carmen)